El Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS), junto al Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) y la organización de mujeres miskitas Insin Mairin Aslatakanka kupia kumi Muskitia Nicaragua (IMATKUMN), presentaron un mapeo que documenta la dramática situación de las mujeres indígenas nicaragüenses desplazadas en Costa Rica, quienes huyen de la violencia de colonos que invaden sus territorios y de la represión estatal en su país.
“Sobre la situación de las mujeres indígenas, hay muchas cosas que hablar sobre lo que siente, lo que piensa y lo que ha vivido”, señala una de las participantes en los diálogos organizados como parte de la investigación, que encuestó a 678 mujeres entre agosto y octubre de 2025, en cuatro localidades de la provincia de San José: Pavas, Purral, Alajuelita y La Carpio.
Según el estudio “Mujeres indígenas nicaragüenses desplazadas en Costa Rica: lo que sienten, lo que piensan y lo que han vivido”, más del 90% de las entrevistadas se identifican como miskitas, procedentes principalmente de Bilwi (64%) y Waspam (27%), en la Región Autónoma del Caribe Norte de Nicaragua.
Las razones de su desplazamiento son múltiples. El informe registra que el 27.6% salió por dificultades económicas, el 21.6% por violencia de colonos, el 23.1% por miedo y el 12.2% por persecución política. “Hace mucho tiempo a mi mamá le asesinaron al esposo los colonos. En el año 2015 o 2017 los colonos entraron a asesinar a varias personas y asesinaron a su esposo, desde esa fecha ella dejó de llegar a la comunidad, no vio enterrar a su esposo”, relata una participante.
El flujo migratorio se ha intensificado dramáticamente: el 53.1% llegó entre 2023 y 2025. En Costa Rica, estas mujeres enfrentan una realidad extrema. El 48% vive en precarios sin servicios básicos, el 38% no percibe ingresos estables, y solo el 2% tiene empleo formal.
“En Nicaragua nosotros vivíamos de la cosecha de la siembra, siempre había productos para consumir. Ahí no pagaba nada, pero aquí todo tiene que pagar, si no trabaja no come y yo no trabajo, simplemente mi esposo trabaja. Mi esposo trabaja, pero no es suficiente, entonces solamente comemos un tiempo”, explica una entrevistada sobre la precariedad crítica.
María Lucía Denis Molina, mujer indígena refugiada en Costa Rica y parte del grupo de 12 encuestadoras que fueron casa a casa recopilando la información, describe lo que más le conmovió al visitar a las mujeres en sus viviendas: “Lo más impactante fue el ambiente donde viven día a día, al escuchar que con frecuencia sufren actos de racismo y discriminación, ya sea por su lengua natal, por su color de piel, por no saber desenvolverse bien con el idioma castellano y suelen ser excluidos en los servicios de salud y educación. Pensar cómo vienen a sufrir en un país donde tienen que comenzar desde cero y no se les hacen valer sus derechos, tanto como los niños, madres, padres. Son situaciones muy comovedoras y difíciles”.
Aunque muchas no la reconocen explícitamente, el mapeo revela cifras alarmantes: el 41% identificó agresores de violencia verbal, el 40% violencia económica, el 39% violencia física y el 36% violencia sexual. Los principales agresores son sus parejas actuales (21% en violencia verbal, 17% en violencia física y sexual) y otros parientes.
“La peor dificultad que hay aquí es el trabajo, es muy difícil encontrar trabajo las mujeres aquí. Entonces, metés los papeles, más bien los agarran y los tira. Eso se llama discriminación, nosotras las nicaragüenses somos luchonas”, denuncia una participante.
Especialmente preocupante es la violencia institucional documentada en el estudio. El 43% identificó instituciones donde les negaron información, destacando clínicas y EBAIS (17%), el IMAS (15%) y Migración (14%). “En el Ebais cuando uno va y tal vez no sabemos hablar bien, expresarnos, nos miran raro. Cuando no hablas bien te dejan tirado, ahí no te atienden”, relata una mujer.
El informe también documenta una realidad alarmante sobre sus derechos reproductivos: el 40% tuvo su primera unión antes de los 18 años (11% antes de los 15 años), y el 41% su primer embarazo en la niñez o adolescencia.
Las mujeres proponen soluciones concretas para aliviar su situación socioeconómica: emprendimientos productivos, reconocimiento de sus estudios nicaragüenses y cursos técnicos adaptados a sus necesidades culturales y lingüísticas para alcanzar la autonomía económica que tanto anhelan.







