Mujeres nicaragüenses en el exilio reconstruyeron sus redes de cuidado y los convirtieron en resistencia política 

Escrito por COMUNICACION@CETCAM.ORG
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El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) publicó el informe “Cuidar la vida. Reconfiguración de los cuidados y experiencias de mujeres nicaragüenses en el contexto de la crisis política. 2020-2025”, que revela cómo mujeres nicaragüenses en el exilio —en su mayoría en Costa Rica— respondieron a la destrucción de sus redes de cuidado con agencia colectiva y demanda de derechos humanos.  

Cuando llegaron al exilio, las mujeres entrevistadas encontraron un vacío real: sin redes familiares, sin infraestructura institucional y con la exigencia de cuidar a sus familias mientras rehacían sus propias vidas. El caso más documentado es el de catorce mujeres campesinas exiliadas en una zona rural de Costa Rica que levantaron casas, produjeron alimentos y establecieron acogida para compatriotas recién llegados: “ver a nuestros hijos que ahora bajan del autobús orgullosos de sus casas cuando vienen de la escuela, te alegra, te motiva, porque vas viendo que el esfuerzo va permitiendo cambios colectivos”, expresó una de las entrevistadas. 

Las mujeres también cuidaron a distancia a sus familias en Nicaragua asumiendo riesgos directos. Una entrevistada montó desde el exilio un centro de monitoreo epidemiológico clandestino durante la pandemia de COVID-19, negada por el régimen: “teníamos gente en los barrios, en todos lados para que nos dijera qué estaba pasando con los contagios y empezamos a colaborar con la parte nacional que llevaba el monitoreo alterno al discurso negacionista del gobierno”, compartió con CETCAM. Las jóvenes formularon su propio concepto de autocuido en los mismos términos: “es un acto de resistencia ante el sistema que nos quiere explotar constantemente y que nos roba el derecho al ocio”. 

Los cuidados como blanco deliberado de la represión y las mujeres defensoras que siguen sosteniéndolos 

El informe documenta que el desmantelamiento de las redes de cuidado no fue un daño colateral del régimen Ortega-Murillo sino uno de sus instrumentos. El cierre de organizaciones feministas y el exilio forzado de sus liderazgos destruyeron sistemas de protección construidos durante décadas.  

Una entrevistada que fundó los primeros albergues para sobrevivientes de violencia machista en Nicaragua describe lo que el régimen arrasó: “acompañábamos a las mujeres y niñas de forma integral, cubríamos sus necesidades, pero todo eso desapareció con la represión del régimen, cerraron las organizaciones de mujeres, nos persiguieron, criminalizaron y enviaron al exilio, destruyeron las redes”. Las consecuencias persisten: “no sabemos cuántas mujeres desde 2018 para acá han muerto o han sido asesinadas por femicidio, no sabemos si eran jóvenes o adultas”, advierte una feminista que permanece dentro del país. 

El Registro Mesoamericano de Agresiones a Defensoras de IM-Defensoras documentó 347 desplazamientos de activistas y mujeres defensoras de derechos humanos nicaragüenses entre 2018 y julio de 2025. Pese a ello, la resistencia continúa: “cuando esta tempestad caiga, vamos a juntarnos y las feministas vamos a seguir peleando, porque nos sostiene la convicción de que la rendición no es opción”. 

A partir de estos hallazgos, CETCAM propone la categoría “ciudadanía política del cuidado” para nombrar la activación de la demanda de derechos desde el lugar de quienes sostienen la vida cuando ningún Estado lo garantiza.  

El informe recomienda incorporar la “persecución a cuidadoras” como patrón de violencia de género ante la CIDH y reconocer las redes colectivas de cuidado como práctica política que debe ser financiada y sostenida institucionalmente. 

El estudio se basa en ocho entrevistas a defensoras, activistas y referentes comunitarias, y un grupo focal con cinco mujeres jóvenes feministas, realizados entre febrero y abril de 2026 con metodología feminista interseccional. 

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