Muchachas del 18: mujeres jóvenes nicaragüenses redefinen el activismo desde el exilio y la resistencia 

Escrito por COMUNICACION@CETCAM.ORG
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Un nuevo informe del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) documenta las trayectorias, estrategias y aportes de una generación de mujeres jóvenes cuyo activismo fue catalizado por la rebelión cívica nicaragüense de abril de 2018.  

El informe Hijas del quiebre, forjadas para resistir identifica a las llamadas “Muchachas del 18” como una cohorte generacional que transformó la represión, el clandestinaje y el exilio en plataformas de reorganización y acción colectiva. Lejos de desaparecer ante la persecución del gobierno de Daniel Ortega, estas mujeres reconfiguraron sus formas de participación, adoptaron el ciberactivismo y construyeron redes transnacionales sin abandonar sus vínculos territoriales con Nicaragua. 

El estudio constituye un esfuerzo de memoria sobre una generación poco documentada. Como señala la presentación del informe, se espera que este trabajo se convierta en “una pieza de memoria sobre una generación de mujeres jóvenes, dentro y fuera de Nicaragua, que siguen activas en la búsqueda de nuevas formas de participación”. 

Cuido colectivo, horizontalidad y feminismos diversos: las marcas de una generación que reinventa la política 

Entre los hallazgos centrales, CETCAM identifica tres rasgos que distinguen a esta generación del activismo político precedente en Centroamérica. 

El primero es el cuido y autocuido como práctica política deliberada. Las “Muchachas del 18” rechazan explícitamente la cultura del sacrificio que atravesó generaciones anteriores de militancia latinoamericana. Una de las entrevistadas lo resume con claridad: “Comenzamos poniendo la sanación como una apuesta política, por un tema de sobrevivencia”. Esta generación normaliza el dolor, el duelo y la salud emocional como condiciones necesarias para la sostenibilidad del activismo en el largo plazo, no como señales de debilidad. 

El segundo rasgo es la apuesta por estructuras horizontales y anti-autoritarias. El informe registra una crítica sistemática al adultocentrismo y al liderazgo personalista. “Creemos en nuevas formas de hacer política desde la horizontalidad”, afirmó una participante integrante de una colectiva feminista creada en el exilio. Varias entrevistadas señalaron haber abandonado organizaciones afines a sus principios precisamente por encontrar en ellas las mismas dinámicas de poder que criticaban al régimen de Ortega. 

El tercer elemento es un feminismo plural e interseccional. La mayoría de las participantes se identifican como feministas, aunque desde recorridos distintos y con tensiones internas reconocidas. El estudio recoge la voz de una activista indígena que reivindica “sostener un feminismo con una percepción indígena, desde la memoria, desde lo descolonial”, así como la de una participante transgénero que cuestionó que ciertos espacios feministas “también nos han dejado afuera”. Para CETCAM, estas tensiones no representan fracturas sino la apertura de un feminismo más permeable a la diversidad de cuerpos, territorios e identidades. 

También se documenta el papel central de la comunicación digital, la memoria como herramienta de resistencia política, la formación profesional como forma de activismo, y el artivismo —la integración del arte en la acción política— como estrategias complementarias que esta generación ha desarrollado entre 2018 y 2025. 

Respecto al futuro, las “Muchachas del 18” articulan una visión que trasciende el cambio de régimen. En palabras de una entrevistada: “la democracia no es únicamente un sistema político; es también una cultura de derechos y participación”. Otra fue más directa: “Sin nosotras no puede haber una transición”. 

CETCAM concluye que esta generación está redefiniendo los límites, las prácticas y las formas de participación en los espacios políticos y las organizaciones sociales de Nicaragua, con aportes que son relevantes para comprender las dinámicas contemporáneas de resistencia en toda Centroamérica. 

La investigación, se basa en catorce entrevistas en profundidad a activistas que en 2018 tenían menos de 32 años y continúan su labor política desde Nicaragua, Costa Rica, España, Estados Unidos y Noruega. 

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